Una de las razones para amar el otoño, además de las refrescantes temperaturas, es la transformación de las hojas en un magnífico despliegue de tonalidades naranjas, rojas, amarillas y marrones, que iluminan el Medio Oeste.
Entre los muchos lugares para vivir la transición otoñal, destaca un destino: La isla Mackinac.
La vida transcurre a un ritmo lento, literalmente. En lugar de coches, encontrará carruajes tirados por caballos. Por esta razón, no hay mejor momento para visitarla que el otoño, cuando la temporada turística termina tras los ajetreados meses de verano.

La isla de Makinac en otoño
La isla cuenta con 70 millas de senderos a lo largo de sus 3,8 millas cuadradas. Según Travel + Leisure, una de las mejores rutas, la Tranquil Bluff Trail, te lleva a través del bosque y a lo largo de los acantilados con vistas al lago Hurón.
Si prefiere la bicicleta al paseo , puede alquilar una y recorrer el bosque del Parque Estatal de la Isla Mackinac o dar la vuelta a la isla en bicicleta, que ofrece impresionantes vistas del follaje otoñal y del agua.